Hay momentos en la vida en los que te toca cambiar de ambiente, puede ser un nuevo trabajo, un nuevo país, un cambio de ciudad, incluso una nueva etapa en la vida donde tus círculos sociales se transforman. Y aunque esos cambios suelen ser emocionantes, también traen una sensación incómoda de no saber cómo encajar y no solo por la forma en que te expresas sino también, en la forma como te vistes.
Y en esos momentos, te paras frente al clóset y piensas:
¿Cómo debería vestirme para este entorno nuevo?
¿Qué se espera aquí de mi?
¿Qué es lo “correcto” y que no lo es?
Y de repente, sin darte cuenta, empiezas a armar tu pinta no desde lo que eres, sino desde lo que crees que debes parecer, empiezas a disfrazarte de acuerdo al lugar, al ambiente, a la gente y eso te pesa más de lo que te imaginas, porque en el fondo, cada vez que te ves al espejo, hay algo que no cuadra, algo que no te representa, algo que, aunque no se vea mal, simplemente no comunica quien eres realmente.
Y es que a todas nos ha pasado, cambiar de ambiente puede sacudir la seguridad en la imagen, para bien o para mal. Si lo vemos desde el lado positivo, puedes llegar a un sitio donde puedes ser más tu y si lo vemos desde el lado negativo, pueden aparecer algunos códigos de vestimenta que parecen reglas implícitas que si no sigues, quedas por fuera. Y en este aspecto, en esa presión por encajar, es fácil perder el estilo propio, fácil caer en el error de vestirte para el lugar y los demás y no para ti.
Hoy quiero hablarte justo de eso, de como mantenerte auténtica en un lugar que no te deja sacar lo mejor de ti y lo más real de ti, de cómo recuperar la seguridad en quién eres sin importar el lugar donde estés. Porque si hay algo que he aprendido después de tantos cambios laborales, personales y físicos es que tu estilo, tu estilo auténtico, si lo conoces profundamente, puede ser tu ancla y el corazón de tu imagen, es una forma de mantenerte conectada contigo, pase lo que pase afuera.
El entorno cambia, pero tú no tienes que transformarte para pertenecer, transfórmate para ser mejor
Cuando entramos a un ambiente nuevo, el instinto es mimetizarse, mirar cómo se viste la gente, qué colores predominan, qué estilo es el “adecuado”. Y claro, una parte de eso es adaptación lógica. No vas a llegar en vestido de gala a una reunión casual ni en jeans rotos a una junta directiva, porque también es cierto que hay protocolos que debemos respetar.
Pero el problema aparece cuando, en el intento por adaptarte, te diluyes y te pierdes en lo que no eres tu. Te vuelves una versión genérica de lo que crees que deberías ser en ese entorno. Y en esa adaptación forzada, empiezas a sentirte incómoda, porque tu estilo ya no está y ahí ya no te reconoces.
Eso me pasó cuando cambié de industria dentro del mundo corporativo, pero a mi me pasó para bien, porque venía de una industria de consumo masivo, donde usar tacones y usar labiales de colores era muy llamativo para los demás y cuando pase a la industria de la belleza fui feliz, porque puedo usar tacones todos los días y de diferentes diseños sin que me digan que me veo muy alta o muy llamativa y si un día quiero usar labial rojo, nadie me va a decir nada y puedo ser yo todos los días de mi vida. Pero que pasa si ocurre a la inversa, pues que empiezas a mimetizarte con los demás y empiezas a perder tu esencia.
Y esa incomodidad se va a notar siempre, se nota en la postura, en la actitud, en la energía con la que entras a un lugar. Cuando la ropa no vibra contigo, el cuerpo lo sabe y lo muestra. Por eso, el primer paso es entender que adaptarte no significa traicionarte, que puedes respetar el ambiente sin dejar de ser tú y que el estilo no es un disfraz para pertenecer, sino una herramienta de comunicación para mostrar tu esencia con respeto por el contexto.
Vestirte desde ti no significa ignorar el ambiente, significa llegar al ambiente con tu sello, con tu autenticidad, con esos elementos que te hacen sentir segura, sin importar dónde estés.
Tu estilo es tu ancla y tu corazón cuando todo alrededor se mueve
Los cambios de ambiente no solo son geográficos o laborales, a veces cambian tus relaciones, tu entorno social, incluso la dinámica de tu vida diaria y esos cambios suelen mover la identidad, porque la ropa que usabas en tu antiguo trabajo, de repente no tiene sentido en el nuevo, porque lo que usas en entornos sociales, es posible que no encaje en tu nueva rutina.
Ahí es donde el estilo propio se vuelve vital, porque cuando todo cambia afuera, tener claro quién eres por dentro te ayuda a tomar decisiones más fáciles al vestirte sin importar donde estés, tu estilo se convierte en una especie de brújula y eres coherente siempre. Y se vuelve un recordatorio diario de que, aunque el ambiente sea distinto, tú sigues siendo la misma de siempre.
Me pasó cuando empecé a grabar contenido en video para mis redes. Al principio me cuestionaba cómo debía verme: ¿más producida? ¿más sobria? ¿con ropa más formal? Porque en mi cabeza estaba la idea de que si hablaba de imagen, debía proyectar cierta perfección, como si tuviera que encajar en el estereotipo de la coach de imagen que siempre va impecable y con looks de revista. Y lo intenté, me puse la blusa elegante, el peinado perfecto, pero cada vez que me sentaba frente a la cámara no fluía, no era yo. Me veía bien, pero no me sentía auténtica, me sentía muy ficticia. Y me di cuenta que ese no era el mensaje que quería dar y ahí nació imagen sin filtros, porque fuera de cámaras soy auténtica y no me gusta estar vestida para cumplir una expectativa que ni siquiera comparto. Así que empecé a grabar con la ropa con la que me siento cómoda, con lo que realmente me representa y cada vez más hablo sin tantos adornos, porque recuerda que eso también hace parte dl estilo y la diferencia fue inmediata: me sentía libre, hablaba sin miedo, conectaba más. Porque cuando te vistes desde lo que eres, no solo proyectas seguridad, también coherencia y eso, la gente lo percibe sin que tengas que explicarlo.
Por eso ahora entiendo que el estilo es un ancla y el corazón de nuestra imagen, porque cuando te vistes desde lo que eres, el ambiente deja de ser una amenaza para tu identidad, te paras firme porque te sientes segura, porque tu ropa va en línea contigo y te recuerda quién eres, sin importar dónde estés.
La seguridad no viene de encajar, sino de sentirte coherente contigo misma
Vestirte para encajar es la receta perfecta para la incomodidad. Porque siempre vas a estar midiendo si lo que llevas puesto es “apropiado”, si estás cumpliendo con las expectativas externas y si no vas a desentonar. Pero vestirte desde la coherencia interna es otra cosa, es conocer perfectamente que te representa, que te hace sentir cómoda y con que indumentaria puedes proyectar la imagen que quieres y no solo cumplir con lo que se espera de ti.
La seguridad viene de sentir que la imagen que proyectas es consistente con lo que sientes por dentro, que cuando te miras al espejo, ves una versión tuya real, auténtica, sin filtros. Y no necesitas armarte un uniforme (aunque tenerlo puede ser tu salvavidas en los días que no sabes que ponerte), solo necesitas identificar esos elementos que son innegociables para ti, puede ser un color que te da seguridad, un tipo de prenda que sabes que te favorece y con la que te sientes cómoda, un accesorio que te recuerda quién eres. Así, incluso en ambientes que no son tan conocidos, puedes encontrar una forma de sentirte cómoda y segura, sin necesidad de dejar de ser tu.
Porque al final, no se trata de elegir entre ser tú o adaptarte, se trata de adaptar tu estilo al contexto sin renunciar a lo que te representa, de llegar a un lugar nuevo sin sentir que tienes que transformarte en alguien que no eres. Cuando entiendes que tu estilo es tu ancla, te puedes sentir bien en cualquier lugar, porque no importa si es un país distinto, una empresa nueva, un círculo social diferente, si te vistes desde lo que eres, siempre te vas a sentir tu.
Así que si últimamente has sentido que no encajas en tu nuevo entorno, que tu estilo no se ve igual en la ciudad donde estás o en el trabajo que acabas de empezar, no te traiciones intentando copiar el molde de los demás. Párate frente al espejo y pregúntate:
¿Qué quiero transmitir o comunicar con mi imagen?
¿Cómo puedo adaptarme sin perderme?
¿Qué detalle puedo incluir que me represente y me recuerde quién soy?
Porque el ambiente puede cambiar, pero tú puedes mantener la coherencia contigo misma. Y créeme, cuando lo haces, se nota, en tu seguridad y en tu autenticidad. La gente no sabe explicarlo, pero lo perciben en el inconsciente y eso es mucho más valioso que encajar en los moldes impuestos.
💥 Reto de la semana
Si estas en una situación similar, esta semana, antes de vestirte para ese nuevo ambiente, haz este ejercicio de forma consciente:
Vas a elegir una prenda, un color o un accesorio que sientas que te representa, que te haga sentir tú misma y no importa si el resto del outfit es más sobrio o adaptado al contexto, pero ese detalle que elijas, tiene que hablar de ti y te tiene que representar, puede ser un accesorio (una cartera, unos aretes, unos zapatos, etc.) o una prenda y cuando lo uses, observa cómo cambia tu energía, cómo cambia tu postura y cómo cambia tu seguridad. Después me cuentas si no se siente diferente.
Recuerda, el autoconocimiento va tan ligado a nuestro estilo, que nos mantiene a flote en situaciones nuevas y nos permite vivir nuestra imagen sin filtros



