Con los 40´s cambiar no es el problema, fingir que no cambias… sí lo es.

Durante años nos enseñaron que hay que mantenernos “igualitas”. Que si cambias algo en tu imagen, es porque estás en crisis y algo malo está pasando en tu vida, que si te ves distinta, es porque  “te enloqueciste”. Como si fuera más importante sostener una imagen congelada que vivir tu transformación con libertad y fluir con los cambios de la vida.

Oigan y es que el problema no es cambiar, porque todo está en constante evolución, el problema es que muchas mujeres, sobre todo cuando nos empezamos a acercar a los 40 y cuando entramos en esta década, sentimos que tenemos que fingir que todo sigue igual, que nuestro cuerpo no ha cambiado, que nuestra energía sigue siendo la misma, que la manera como nos vestimos, tiene que seguir respondiendo a la misma versión de antes. Y eso, en vez de darnos libertad, nos mete muchísima presión, porque empezamos a vivir desde una imagen que ya no existe y muchas veces ya no nos representa y que ya no vibra con quiénes somos hoy.

La presión de mantenernos iguales nos pasa factura, y es que en silencio, muchas mujeres sienten que se están desconectando de su estilo porque su cuerpo ya no “entra” en la imagen y talla que alguna vez funcionó. Porque esa ropa que antes amaban ya no les queda igual o lo que es peor, sienten que tienen que “disimular” los cambios en su cuerpo. Y entonces viene el disfraz, el uniforme neutro, que es esa pinta que no molesta a nadie, pero tampoco dice nada de ti, porque lo usas para no ser criticada o para encajar.

Nos convencieron de que el cuerpo cambia para mal, que tenemos que pelear con la piel, con el volumen y con nuestra energía. Que lo único bonito y aceptable es lo que éramos 20 años atrás y así, dejamos de escucharnos, dejamos de preguntarnos: ¿Qué necesito hoy?, ¿Cómo me quiero sentir?, ¿Qué quiero expresar con lo que me pongo?

La verdad es que el cuerpo cambia, y eso no es una tragedia, es biología, así es la vida. Durante la perimenopausia, por ejemplo, nuestro sistema hormonal empieza a transformarse. Baja el estrógeno, la distribución de grasa en nuestro cuerpo cambia, es probable que el sueño se altere, que la piel pierda elasticidad, que seamos más sensibles y todo eso también se refleja en nuestra imagen personal. Según la North American Menopause Society, más del 70% de mujeres reportan sentirse emocionalmente vulnerables durante esta etapa, y una gran parte de ellas siente que su imagen ya no representa lo que son.

Y aquí es donde entra tu estilo, porque el estilo no es para esconder esos cambios, es para acompañarlos, para traducir lo que estás viviendo en una imagen real, honesta y poderosa, todos los días de tu vida y en cualquier contexto. Cuando dejas de resistirte a lo que tu cuerpo te está mostrando, puedes vestirte para sentirte bien contigo, no para taparte ni para disimular. Puedes usar el color para tener un boost de energía, no como maquillaje para esconder nada. Puedes elegir texturas que se sientan bien y te hagan sentir cómoda, no para que tu imagen se vea “armónica”.

Tu estilo no tiene por que seguir siendo el mismo de hace 10 años, tu estilo tiene que fluir y hablar de quién eres hoy. Hoy quiero contarles sobre una clienta mía, de 48 años, que me dijo llorando: “Aleja, yo ya no sé qué ponerme, todo me incomoda, ya no se me ve la ropa como antes, todo me hace sentir como si no fuera yo”. Y claro, no era un problema de ropa, era que había tratado de sostener una imagen que ya no le pertenecía, seguía comprando el mismo tipo de prendas que usaba a los 30, con la esperanza de “verse como antes”, pero cada vez que se las ponía, se sentía disfrazada, le apretaban, le picaban y le daban calor.

Cuando hicimos juntas el ejercicio de conectar su estilo con su presente, su cambio fue inmediato, no necesitó cambiar todo su clóset, solo necesitó cambiar la percepción que tenía de ella misma, sacó las prendas que ya no le quedaban, dejó de vestirse desde «lo que era antes» y empezó a vestirse desde lo que es hoy.  Hoy se siente cómoda, segura, sin estar todo el día pendiente del espejo, ni arreglándose el escote o bajándose la falda, solo porque entendió que el estilo no es para “verse más joven”, el estilo es para que te veas «más tú».

No tienes que fingir que no cambias, lo que tienes que hacer es dejar de pedirle a tu cuerpo y a tu mente que niegue tu proceso, porque el verdadero estilo no es un filtro que tienes que mantener frente a los demás, es un lenguaje que se transforma contigo, que te acompaña y que evoluciona. Porque así es la vida todo evoluciona, nada es estático. Deja de pelear con lo que eres hoy y empieza a escucharte, porque ahí desde esa auto escucha, está el punto de partida de tu estilo sin filtros.

Y ojo, no estoy en contra de hacernos cosas para vernos más bonitas, simplemente, lo que elijamos hacer con nuestra imagen debe ser desde el entendimiento que hemos cambiado y evolucionado, no desde el lugar de quiero verme como antes y darme duro porque ya no puedo verme así.


¿Cómo empezar a soltar la imagen vieja y reconectar con tu estilo actual?

1. Deja de buscar el cuerpo de antes, vístete de acuerdo al cuerpo que tienes hoy.

Esto no significa que renuncies a cuidarte, a hacer ejercicio, ir a masajes, etc. Significa que dejes de condicionar tu estilo y tu imagen a una promesa que tal vez nunca va a volver, cuando te aferras a la idea de “recuperar tu figura”, tu estilo se estanca, tu clóset se convierte en una trampa del pasado, esto quiere decir que empiezas a guardar prendas que ya no usas, tallas que no te quedan, pero ahí siguen… como recordatorios de una versión antigua y que te frustran cada vez que piensas usarlas o las ves ahí colgadas.

Y por eso quiero hacerte esta pregunta ¿Y si en vez de pelear con tu cuerpo actual, lo vistes desde la aprobación y le quitas un poquito la critica? Te reto a que lo mires con compasión a que le agradezcas todo lo que te permite vivir todos los días y luego hazte esta nueva pregunta ¿Qué necesito hoy para sentirme bien? Tal vez ya no te sientes cómoda con escotes profundos, pero sí con unas prendas más ligeras, cómodas  y sueltas, tal vez los jeans de tiro bajo ya no van contigo, pero un pantalón amplio te hace sentir poderosa y bonita. Eso pasa, a medida que estamos en otra edad, buscamos comodidad, tranquilidad y cada vez encajar menos, pero lo que tenemos que hacer, es volverlo consciente y dejar a un lado «esto ya no me queda como antes»

Tu cuerpo te está hablando, escúchalo y vístelo como si mereciera lo mejor, no como si fuera lo peor del mundo. Cuídalo, haz ejercicio, busca rutinas, conviértelas en rituales, adopta hábitos que te hagan sentir y ver saludable y bonita, pero ojo, que todo lo que elijas resuene contigo y que no sea para parecerte a alguien o para frustrarte, que todo lo que elijas se apara ti y que solo te traiga buena onda a tu vida. 

2. No sigas las reglas de estilo, crea las tuyas.

Hay muchas mujeres que aprendieron a vestirse como “se debe”: disimula aquí, destaca allá, evita tal cosa, jamás uses tal otra. ¿Y si ya no quieres seguir jugando ese juego?. En esta etapa de la vida, lo que más necesitas es libertad. Porque si ya pasaste por cirugías, por subidas y bajadas de peso, por maternidad, por duelo o por cambios hormonales, no estás para andar escondiéndote, es hora de vestirte y mostrarte como quieras. Tu estilo tiene que estar en línea contigo, no con las modelos de las revistas o con las modas que salen en TikTok, tiene que ser el tuyo y punto.

Tal vez eso significa repetir colores con los que te sientes bien, así no vaya con tu «paleta de colores», tal vez significa dejar de usar ropa apretada o empezarla a usar, tal vez es animarte por primera vez a un estampado que te encante y que no te habías atrevido a usarlo antes o también puede ser decirle adiós al negro que ya no te representa y que en la actualidad no te hace sentir elegante y poderosa, sino que te apaga. No estás aquí para seguir instrucciones, estás para construir un lenguaje propio y ese lenguaje no se copia, no sigue tendencias, ni te lo dice Chat GPT, ese lenguaje lo sientes, te hace vivir sin filtros y te mantiene cómoda.

3. Tu estilo no tiene que impresionar a nadie, tiene que representarte.

Uno de los mayores errores de la moda tradicional es hacernos creer que tenemos que “impactar”, que hay que “romperla” con cada look. ¿Pero qué pasa cuando ya no tienes ganas de impresionar a nadie? Pasa algo maravilloso: te vistes para ti. Y eso no significa descuidarte, significa priorizarte, elegir desde lo que te da paz, alegría o poder… no desde lo que generará likes o cumplidos, no desde lo que esta de moda o lo que te hace ver más «armoniosa»

¿Querías usar ese vestido que te encanta aunque según las reglas no te “favorece”? Hazlo. ¿Quieres dejar de usar tacones y moverte con más libertad y comodidad? Hazlo. ¿Te sientes más tú con el pelo recogido o con la cara lavada o poco maquillaje? Hazlo. No hay que tener un motivo para vestirse como uno quiere, el motivo es que quieres, punto. Y cuando tu estilo se vuelve tu forma de comunicarte y de sentirte más tu, en vez de estar buscando siempre validación, te vas a enfocar en tu seguridad, en mantener tu energía y los demás lo notarán en tu forma de caminar, en tu postura y en como te relacionas con tu entorno.

🔥 Reto de la semana:

Hazle una cita a tu clóset. Sí, literal. Un encuentro cara a cara con tu imagen actual, no vayas a organizarlo, no lo critiques, ni pienses que lo que está ahí ya no te queda. Solo obsérvalo y pregúntate en voz alta frente a cada prenda:

→ “¿Esto se parece a la mujer que soy hoy?”
→ “¿O me recuerda a la que fingía ser?”

Si la respuesta es lo segundo… no te hagas la loca, sácalo. No estás para acumular prendas que nada que ver, estás para construir una imagen que te represente y si no sabes qué te representa, ese es el primer paso: descubrirlo. Y para eso te dejo una herramienta valiosísima y práctica mi Test «Estilo sin Filtros» para que sepas cuál es tu estilo, te reconectes con tu autenticidad y empieces a construir una imagen que sí tenga que ver contigo.

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Porque disfrazarte te consume, pero vestirte desde tu presente y sin filtros te empodera.