Tengo que confesar algo, cuando cumplí los 30 años, casi me muero, me dio depresión, pensaba que ya mi juventud se había acabado y que ahora iba a ser parte del club de las “señoras”, (esta palabra no me gustaba nada), que ya no iba a poder hacer ni aprender cosas diferentes y hoy 10 años después, con mucha alegría puedo decir que estaba muy equivocada.
Después de los 30, empecé a trabajar en mi misma, comencé un negocio, he conocido gente maravillosa, he crecido como persona y como profesional como nunca lo imaginé, pasó una pandemia que aunque fue muy dura, me dejó hábitos que no s me habían pasado por la mente, he construido la familia que siempre soñé, he tenido momentos espectaculares y otros no tanto, pero sobre todo he aprendido de todas las vivencias, de las buenas y de las no tan buenas.
Porqué algo que he entendido es que los “malos” momentos no son malos, son aquellos que nos enseñan y nos conectan con nuestra esencia.
Durante los 30 también entendí que he tenido muchos filtros en mi vida, ocultaba mi sensibilidad para que otros no se burlaran de mí, necesitaba la aprobación constante de otros para saber si estaba haciendo las cosas bien o no, me sentía insegura de lo que hacía y por eso me escondía detrás del perfeccionismo y procrastinaba todo el tiempo, en fin estaba tapando quien era realmente.
Ahora que cumplí 40 y desde hace 6 meses, aunque me sigue pasando lo mismo, soy más consiente. Trato cada vez más, de mostrar mi sensibilidad sin importar lo que otros opinen, aunque me muero del susto de hacer cosas diferentes, me lanzo cada vez más a salir de mi zona de confort para probarme que soy capaz de muchas cosas, la perfección ya no es una “cualidad” para mí, estoy entendiendo que lo que importa es la excelencia, dejar siempre lo mejor en la cancha y que si estoy procrastinando puedo buscar herramientas que me ayuden a actuar.
Si te das cuenta, mi proceso no empezó hace mucho tiempo y tampoco me he convertido en la mujer más auténtica y perfecta, simplemente, estoy en una etapa maravillosa de reconocimiento, aceptación y crecimiento y puedo dar fe que esto no hubiera sido posible sin la madurez que traen los años.
Este es el porqué de “vivir sin filtros”. Me di cuenta que reconociendo las máscaras y quitando las “capitas de cebolla” que nos vamos poniendo durante toda nuestra vida podemos ser personas plenas felices. No es una fórmula mágica es un proceso diario interno y externo.
Si hablo de la imagen externa, ya no creo que se pueda trabajar de forma superficial, porque soy testigo que si queremos solo cambios externos, tenemos mucho que trabajar en el interior. La imagen, dependiendo como la veas, te puede potenciar o limitar y no hablo de tener cuerpos perfectos, hablo de la aceptación plena de nuestro ser.
Por todo esto, pienso y siento que esta década ha sido la más bonita de mi vida, porque me he conocido y me he permitido dejar algunos complejos de lado y he dejado tanto drama con cosas que en los 20 sentía que me iban a “matar”.
Si estas en tus 20´s experimenta y aprende y si estas en tus 30´s o 40´s aprovecha, es la mejor etapa para vivir sin filtros, con experiencia y sin tanto drama



